El pasado mes de noviembre,el departamento de Lengua Castellana y Literatura organizó un concurso de textos con temática de terror.

A continuación les mostramos los textos ganadores:

 

PRIMER PREMIO: PAULA RUANO  MARÍN (4ºA)

Ana en su casa estaba,
un día como cualquiera,
jugando en su habitación,
apacible y serena.

Débil y temblorosa,
una voz advirtió,
que podía pertenecer,
a un viejo señor.

La voz empezó a gritar,
por lo que a Ana asustó,
quien comenzó a llorar,
cuando al anciano oyó.

El anciano clamaba,
¡Ayúdame, por Dios!
Mientras Ana lloraba,
desconsolada.

Y el anciano gritaba,
¡Estoy acabado!
Mientras Ana aterrada,
se escondía.

Pero sin previo aviso,
aquella voz cesó,
y un profundo silencio,
toda la casa inundó.

Y a pesar del gran miedo,
su instinto le venció,
y por ver que ocurría,
del refugio salió.

Si aquello era una farsa,
tranquila analizó
mas todo seguía en orden,
igual que lo dejó.

Así que con audacia,
su marcha prosiguió,
cuando se proclamó la voz
que ella ilusa siguió.

Al baño la condujo,
y Ana ilusa allí entró,
y tras de sí un gran golpe,
la puerta bloqueó.

Entonces la vieja voz,
En ser se convirtió,
Y entonces fue que Ana,
ilusa comprendió.

De su buen escondrijo,
moverse no debió,
pero ya era muy tarde,
para arreglar su error.

Ana, desesperada,
la puerta golpeó;
y a punto del infarto,
fuertemente gritó.

¡Auxilio! ¡Socorro!
desesperada chilló
pero aunque Ana lloraba,
nadie la socorrió.

Con todo su empeño,
la puerta forzar probó;
pero aunque Ana tiraba,
la puerta no se abrió.

Mas repentinamente,
un golpe seco se oyó.
Después solo un silencio,
que la casa inundó.

Luego pasos se oyeron,
lentos, despreocupados,
y en otra habitación,
algo siendo arrastrado.

Ni un gran charco de sangre,
ni evidencia había;
que pasó en ese lugar,
nadie entender podía.

Y aunque mucho buscaron,
Aunque encontrarla ansiaban,
de Ana nunca jamás,
se supo nada.

 

SEGUNDO PREMIO: IVÁN PIZARRO LUCENA (3ºA)
A media noche

Hoy no es como siempre. Oigo los gritos de mamá aún, pasados ya tres cuartos de hora desde que él llegase, y Pau no ha dejado de llorar, ella misma se tapa la boca. Yo intento controlarme, ser dueño de mis emociones, aparentar una coraza indestructible que no existe, solo para que Pau confíe en mí, y callé.

Siento un incómodo punzor en el cuello, me molesta estar arrinconado bajo la mesa, no sé cuánto más puedo aguantar. El reloj de la cocina marca las dos de la madrugada, Pau se ha quedado dormida. De repente, los gritos cesan. Todo en la casa es silencio y oscuridad. Arrimo mi oreja a la pared, no logro oír nada, pareciese que todo hubiese acabado. Vuelvo a escuchar algo, noto la presencia de alguien acercándose, pero no despego mi oreja de la pared. Cada vez, el sentimiento de que alguien se está aproximando es mayor, el pánico se apodera de mí, y una mano helada se posa sobre mi hombro, me vuelvo, atemorizado, con el corazón detenido en el tiempo, y veo a mamá. Está ensangrentada, tiene heridas por todo el cuerpo, emana sangre por la piel, me abrazo a ella, siento su calor, y abraza a Pau, como si intentara protegerla.

-Vamos, vámonos de aquí. –susurra mamá, sacando la cabeza de debajo de la mesa.

Salgo de mi escondite, intento despertar a Pau, pero mamá opta por llevarla en brazos. Caminamos a oscuras por el que había sido nuestro salón, huyendo de nuestra propia casa.

De repente, alguien viene, debe de ser él, papá, que se acerca corriendo, saltando los escalones. Mamá rompe a llorar:

-Ha despertado, ha despertado… -no para de decir, sin soltarnos de la mano a Pau y a mí.

Finalmente, lo vemos aparecer. Enciende la luz y todo queda a la vista. Corre hacia nosotros, agarra a mamá y le arranca a Pau de sus brazos, por suerte cae en el sofá. Mamá intenta resistirse, pero él es más fuerte, la reduce y la deja en el suelo, está sobre ella. Y yo, a medio metro, inmóvil. No puedo hacer otra cosa, así que huyo. Abandono el salón, y subo el primer escalón, pero él ya me ha alcanzado, me arrastra, al agarrarse a mi tobillo, y caigo.

Ahora que vuelvo a estar consciente, no veo con claridad. Se oyen sirenas, toda la casa es luz ahora, veo a mamá y a Pau, arrodilladas a los pies del sofá. No lloran, ríen. Él se ha ido.

-Ya estamos a salvo, nuestro fantasma se ha ido. –nos dice.

Una patrulla irrumpe en la casa, cientos de policías invaden nuestro hogar.

-¿Qué ocurre, mamá?

-No sé. –le contesta a Pau, y en ese mismo momento, papá reaparece. –No puede ser, estaba muerto, seguro, ¡es un fantasma! –grita, y la poli se nos acerca.

Nos rodean, se agachan, nos tocan, pero no nos hablan, no sabemos qué hacer. Detienen a papá, lo esposan.

¿Pero si es un fantasma?”, me pregunto. Una policía con bata blanca se levanta y dice muy decidida:

-La niña fue la primera, después mató a la madre a golpes, y ennucó al chaval en las escaleras, es toda una masacre.

Entonces es cuando me doy cuenta de que papá está vivo, de que nosotros somos los muertos, los fantasmas.

 

TERCER PREMIO: RAMÓN NÚÑEZ ARRABAL (1ºA)

 

El Videojuego Terrorífico

Todo empezó la noche de Halloween cuando mis amigos y yo estábamos en la calle de casa en casa pidiendo caramelos, como es costumbre en Halloween. Todo iba muy bien aunque rara era la casa en la que nos daban algo, pero no le dimos mucha importancia.

Tocando timbres nos topamos con un hombre con un aspecto algo misterioso. Cuando soltamos la típica frase de “Truco o trato” él nos dio una respuesta no muy común:

-Trato.

Nosotros no sabíamos muy bien a lo que se podría referir pero nos interesamos en saber en qué consistía el trato al que quería llegar aquel hombre misterioso.

-El trato consiste en que yo os daré golosinas si vosotros jugáis a mi juego.

-¿Qué juego? ¿Cómo se juega?

De repente sentimos un temblor muy fuerte, pero no era un terremoto ni nada de eso porque solo nosotros lo notábamos. Empezamos a menguar, a menguar y a menguar. Cuando nos dimos cuenta estábamos cayendo sobre un libro gigante que tenía un aspecto muy terrorífico.

Miramos a nuestro alrededor y vimos un paisaje oscuro y muerto. Estábamos en medio de un bosque cuyos árboles parecían haber muerto hace unos cuantos años y donde las lápidas eran muy abundantes. Había arañas y búhos pero ningún otro animal visible, y digo visible porque notábamos como algo nos tocaba los pies. Miramos hacia abajo y no había ningún animal, ¡había un fantasma!

-¡Soy el fantasma que custodia este lugar y por aquí no podéis pasar!

Y tras dedicarnos esas palabras desapareció. Estábamos asustados por sus palabras pero no sabíamos que hacer así que decidimos pasar. Ángel fue delante y de repente fue abducido por una fuerza invisible, menos mal que seguidamente reapareció pero con un cartel que ponía “2 vidas”, encima suya, al rato desapareció el cartel. Fue entonces cuando comprendimos que se trataba de una especie de videojuego y que teníamos que resolverlo.

Instantes después apareció el fantasma y dijo:

-¡ No podíais pasar, así que ahora os tendré que devorar!

Fue en ese momento en el que empezó a perseguirnos y nosotros a huir de él. A Alberto se lo comió por el camino, pero le quedaban 2 vidas. Finalmente perdimos al “Fantasma de Aquel Lugar” de vista y nos resguardamos en una casa con aspecto fantasmagórico. Una vez estuvimos allí nos dimos cuenta que no había sido una buena idea pero en ese momento era lo mejor que se nos ocurría. Cuando ya nos habíamos calmado oímos una risa malvada, y sí, era una bruja. Esta vez no nos dio ninguna explicación y se lanzó a por nosotros. Cogió a Daniel y a mí y nos tiró a su caldero lleno de ácido. Tras revivir se nos ocurrió un plan. Colocamos a Alberto de cebo y cuando la bruja lo subió a su escoba para lanzarlo a su caldero nosotros lo vertimos sobre ella, era una bruja muy malvada pero bastante estúpida. Alberto cayó desde muy alto y perdió una vida. La escoba de la bruja cayó y se partió en forma de llave a la que le faltaba una parte.

Seguidamente, apareció el fantasma de antes y se comió a Ángel, comenzamos a huir. Cuando Ángel reapareció nos encerramos en un cuarto en el cual había todo tipo de aparatos de limpieza. Cogimos la aspiradora y salimos del cuarto en dirección al fantasma. Lo aspiramos y acabamos con él (al estilo “Cazafantasmas”). Nos dejó una parte de una llave que encajaba con la que nos soltó la bruja. Unimos las dos partes y delante de nosotros apareció una puerta. Es ahí cuando nos dimos cuenta de que habíamos terminado el juego. Metí la llave en la cerradura y di tres giros hacia la izquierda , la puerta se abrió y sin nosotros entrar una extraña fuerza nos empujó hacía dentro. Aparecimos en la casa del tipo misterioso y nos dio un buen saco de caramelos que llevamos entre todos porque pesaba mucho.

Todo había sucedido en muy poco tiempo y estábamos confusos. Prometimos no volver a hablar de aquella experiencia tétrica y emocionante a la vez, pero sin duda fue algo para recordar.

 

 

 

MªJosé Albarrán Sacristán.
Jefa departamento de Lengua y Literatura.