Alumnado, Departamento de Francés, Extraescolares

INTERCAMBIO A FRANCIA 2019-2020

Nuestro centro ha organizado durante 3 años un intercambio a Francia, en concreto, con el Collège Les Amandeirets, de Châteauneuf-les-Martigues, población a unos 30 km de Marsella.

Nuestro alumnado viajó a Francia del 4 al 12 de febrero. Parte del alumnado que participó en el intercambio cuenta aquí su experiencia.

El intercambio para mí supuso salir de mi zona de confort y ver otras ciudades, personas, modos de vida, etc. Es una experiencia con sus más y sus menos, pero es una experiencia que hay que vivir, sobre todo cuando te lo ponen tan fácil. No es algo que cambiase mi vida ni mi modo de pensar, pero es enriquecedor, ya que aporta otra forma de percibir el mundo y el francés, ya que es muy diferente estudiar algo a vivirlo. De esta manera da gusto aprender.

  Rafael Sánchez López, 3º A

Por fin era martes, 4 de febrero, uno de los días más esperados de todo el curso. Ese día comenzó nuestra aventura. Estuvimos nerviosos durante todo el día. Llegaron las 7 y media de la tarde y salí de casa con mi hermana. Ambas íbamos cargadas de maletas. Llegamos a la puerta del instituto y me reencontré con mis compañeros de viaje. 10 min eternos… ¡y apareció el autobús! Llenos de ilusión, nos montamos y  pusimos rumbo a Francia. Algunos estaban asustados,otros lloraban, pero a mí se me notaba en la cara lo feliz que era.

    Llegó la primera parada, sobre las diez de la noche. Nos bajamos del autobús y cenamos todos juntos. Dormí muy poco esa noche, pero fue un viaje extraordinario. Bailamos, cantamos, jugamos, charlamos e incluso me hice amiga de los más peques. Al día siguiente cruzamos la frontera. ¡Ya estábamos en Francia! Después de tanto esperar, a la 1 de la tarde, llegamos a Châteauneuf-les-Martigues. Yo, que había participado el año pasado en el intercambio, sabía la sensación que iba a vivir en unos instantes. Nos bajamos del autobús y nos vimos por primera vez. Fue magnífico. Nos hicimos nuestras primeras fotos. Después del reencuentro, fui a conocer a mi familia francesa, la cual me trató increíblemente bien e hizo que me sintiese como una hija más. Poco a poco fuimos conociendo a nuestros correspondientes y establecimos muy buenas relaciones. 

Nunca se me olvidarán las mañanas en las que visité lugares con mis compañeros y profesores: ciudades, pueblos, rincones…, las tardes en los parques, campos de fútbol, mcdonald’s… ni el fin de semana de compras con amigos en el centro de Marsella. ¡Todos tenemos millones de experiencias y anécdotas para contar! Tampoco nos podemos olvidar de la fiesta. Allí me hice amiga de muchos franceses. Bailamos, reímos, charlamos, cantamos, casi me quedo ronca…Fue una noche brillante. ¡A las 3 de mañana mi mamá francesa nos llevó a casa!

Llegó el último día, el más triste de todos. Volví a casa, me duché, hice mi maleta y me despedí de mi familia. Lloré mucho porque era consciente de que esto llegaba a su fin pero… ¡Aún nos quedaba la fiesta de despedida! Lo pasamos «trop bien». Hemos sido un grupo muy unido, la mayoría nos llevábamos muy bien. Llegaron las ocho y media, la hora de montarse en el autobús. Nos despedimos pensando en que nos volveríamos a ver aunque desafortunadamente no va a ser así. En su momento, eso nos calmó un poco. Las primeras horas en el autobús fueron muy duras, pero pronto se nos pasó y disfrutamos mucho del viaje de vuelta. ¡Nos reímos como nunca!

  Después de llegar a Córdoba y analizar todo lo vivido en esa semana, puedo decir que tanto mi primera como segunda experiencia en Francia han sido inolvidables. He conocido un país nuevo, diferentes costumbres, un estilo de vida muy diferente…. Teníamos nuevos horarios para comer, para ir a clase, para levantarse, para dormir,etc… pero eso nos ha hecho a todos abrir la mente y crecer como personas. He salido de mi zona de confort, eché de menos a mi familia… pero disfruté y aprendí muchísimo.

No solo hemos aprendido y crecido personalmente, sino también académicamente. En mi caso, se ha notado muchísimo el progreso tanto en la comprensión oral como escrita. El hecho de comunicarme en francés con los correspondientes durante meses me ha ayudado a memorizar muchos verbos y vocabulario, además de varias estructuras gramaticales. A base de repetirlas en conversaciones, las he asimilado y aprendido fácilmente. Asimismo, al convivir y conocer gente francesa, he entablado conversaciones a menudo. A veces no entendía todo, otras no tenía ni idea, otras las deducía por el contexto…. pero así es como se aprende. Hubo varias anécdotas graciosas. Estando en Aix-en-Provence nos perdimos,tuvimos que preguntar y no entendimos las indicaciones. Tuvimos que volver a preguntar a las chicas, ¡qué vergüenza!  

El intercambio es como un sueño que ojalá se repitiera todos los años.

¡Nunca dejes pasar una oportunidad como esta!

Luego te arrepentirás.

Ana Aguilera Luque, 4º B

El intercambio…¿Que puedo decir?Creo que será siempre una de las mejores experiencias que habré tenido. Es una experiencia única y muy bonita que siempre recordaré. Hice amigos y me lo pasé súper bien. Creo que eso es lo que cuenta, disfrutar. He crecido como persona, además de aprender un poquito francés. En dos semanas, que es lo que dura el intercambio, tienes una nueva familia. Tienes nuevos padres, nuevos hermanos, etc. Mi familia francesa me acogió como una hija más. Aprendí de su cultura. Fui capaz de sentirme como en casa. Visité muchos lugares y siempre intenté hablar francés. Me lo pasé tan bien el primer año que volví a repetir. Lo recomiendo muchísimo. Ya no solo por aprender francés, sino porque creces como persona. Estás tú sola en un país extranjero y tienes que aprender a saber cómo actuar. Todo eso se aprende en un intercambio.

Muchas gracias.

Carmen Aguilera Luque, 3º B

Sin duda alguna, las experiencias vividas durante un intercambio a un país extranjero son imposibles de olvidar. Estas vivencias te aportan lecciones de vida, y las mejoras académicas y personales son evidentes. 

Hablaré a continuación de cómo los dos intercambios en los que participé forjaron mi carácter y contribuyeron en la formación de mi persona.

En 3º de la ESO, tuvimos diversos problemas, por lo que se llegó a pensar que el intercambio no se llevaría a cabo. Sin embargo, todo se pudo solucionar a tiempo y al final sí se llegó a realizar. Ese año, los franceses vinieron a España primero, y al cabo de poco tiempo, nosotros fuimos a Francia. Recuerdo que las semanas anteriores a su llegada se hicieron eternas, sin embargo, no es comparable a la agonía que sentimos el día de su arribo. Todos estábamos muy nerviosos, pues aunque los habíamos visto en vídeos y habíamos hablado con ellos anteriormente, era una nueva experiencia. Sin embargo, todo transcurrió bien, y aunque al principio fuese un poco incómodo o nos costara entendernos, Cassandra, mi correspondiente, puso todo su empeño por adaptarse. Al fin al cabo, los sentimientos no entienden de idiomas. Durante la semana que estuvieron con nosotros en España les hicimos una fiesta, les enseñamos Córdoba, hicimos distintas actividades en el instituto… 

En cuestión de un mes nos tocó a nosotros ir a Francia. Aunque cueste creerlo, el viaje en autobús de 19 horas se hizo incluso corto ya que no nos importaba la duración de este si al final íbamos a poder realizar el intercambio. En realidad fue bastante divertido, ya que todos compartíamos ideas, miedos e inmensas ganas de llegar. 

Conocimos a las familias y todas eran muy amables. En mi caso, los padres de mi correspondiente se habían separado así que me quedaba con ella y su madre. Ese año me tocó una correspondiente que no me hacía mucho caso, sin embargo, su madre me trataba como si yo fuera su propia hija. Hablábamos mucho, me compraba regalos, se interesaba por mi cultura e incluso me ayudó a alisarme el pelo. Era un verdadero encanto, y a día de hoy seguimos en contacto. En Francia también tuvimos un día en el instituto, donde pudimos comprobar cómo era realmente un instituto allí.

Fue una experiencia tan enriquecedora y gratificante que volví a repetirla al siguiente año, sabiendo que las actividades programadas serían las mismas.

En 4º de la ESO, no tenía previsto ir, ya que aunque tenía muchísimas ganas, no podía acoger. Sin embargo, a última hora se me presentó la oportunidad de participar en el intercambio pero no acoger. En cuestión de unas semanas tuve que preparar todo lo que tenía que llevarme a Francia, pues esta vez éramos nosotros los primeros en ir. Recuerdo perfectamente que en el autobús estaba muy cansada ya que ese mismo día habíamos tenido un examen de física y química, sin embargo eso no fastidió mi ánimo. 

En esta ocasión, mi correspondiente, Sarah, era una chica menor que yo, pero congeniamos muy bien. Le encantaban los animales al igual que a mí, así que me llevó a su clase de equitación y me enseñó cómo limpiar una jaula de jerbos. También me explicó el origen de su apellido, que era griego, y me enseñó su colección de piedras preciosas. 

Por otra parte, con su familia me llevaba genial, ellos hacían todo lo posible por enseñarme su cultura y sus costumbres, así que un día me llevaron a la playa e hicieron de guías turísticos. Me hicieron sentir muy cómoda durante toda mi estancia. Sin embargo me apenó muchísimo saber que Sarah no iba a venir a España. Por ello, el día de la despedida toda la familia lloramos muchísimo. Además, ellos escribieron una carta a mis padres para explicarles que siempre sería bienvenida en su casa, lo que me conmovió mucho. 

Aunque todavía tenía la esperanza de ver a mis otros amigos franceses en España. Pero esto no fue posible debido al coronavirus. Para todos fue una gran decepción porque habíamos creado una fuerte amistad en un período de tiempo muy corto. 

Aún así, seguimos esperando vernos de nuevo y volver a revivir algunas de esas emociones inefables. 

He de decir que la mejora en mi pronunciación y gramática fue notable tras realizar ambos intercambios.

En conclusión,  un intercambio conlleva aportes académicos y personales a quien vive esta experiencia. He hecho nuevos amigos superando la barrera del idioma; conocido una nueva cultura y costumbres; aprendido a adaptarme en distintas situaciones; integrado en nueva familia y mejorado mi francés. Por ello, considero que un intercambio no solo consiste en el perfeccionamiento de un idioma, sino que  trae consigo otras muchas lecciones que en situaciones normales no se pueden aprender ni enseñar.

Por lo tanto, creo que es una gran oportunidad que se debería aprovechar si la situación lo permite.

La dificultad de un idioma es inversamente proporcional a la fuerza de la motivación para aprenderlo.

Nerea Gómez Sánchez         4ºB

Yo desde un principio no iba a ir porque tenía un poco de miedo, era algo nuevo para mí, no sabía cómo llevarlo (más bien). Al final me dije que era una gran oportunidad y seguramente después me arrepentiría de no haber ido, así que fui. 

Ya desde un principio supe que la familia que me había tocado era muy amable y fue muy fácil para mí la comunicación. Algunas personas no van porque piensan que no van a saber comunicarse, pero en realidad es fácil, por gestos o vocabulario simple se puede hablar. 

Cuando pasas mucho tiempo escuchándolos hablar, se te hace mejor, practicas el acento y el vocabulario. Todo esto me ha servido para superar mis expectativas académicas. Conoces nuevos lugares, haces nuevos amigos, pruebas nuevas comidas, etc. 

Sin duda repetiría. Ha sido una gran experiencia. 

Cristina Medina Aguilar, 3º B

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